Identidad bicultural: cuando no te sientes ni de aquí ni de allí

Identidad bicultural: vivir entre dos culturas

Hace años, en una entrevista para un periódico local, me preguntaron por los estereotipos que enfrentan los rumanos en España. Han pasado dos décadas desde entonces y sigo escuchando la misma pregunta en consulta, solo que formulada de otra manera: «¿Por qué a veces siento que no pertenezco a ningún sitio?»

No es una pregunta exclusiva de quien emigra desde Rumanía. La escucho en personas que llegaron de cualquier país, y también en hijos de familias inmigrantes que crecieron ya aquí, entre dos idiomas y dos formas de entender la vida. Todos comparten algo parecido: la sensación de vivir con un pie en cada cultura, sin terminar de asentar ninguno del todo.

Identidad bicultural no es lo mismo que duelo migratorio

En Duelo migratorio ya hablé de la sensación de no pertenecer del todo a ningún lugar como una de las formas en que se manifiesta ese duelo — merece la pena leerlo si aún no lo has hecho, porque esa experiencia es real y ahí está bien explicada.

Aquí quiero pararme en un matiz distinto. Ese artículo explica que, en condiciones favorables —red de apoyo, estabilidad, tiempo—, el duelo migratorio tiende a resolverse de forma natural. La identidad bicultural no funciona igual. No es una herida que cicatriza ni una fase que se supere con apoyo y tiempo: es una forma de vivir que se mantiene mientras la persona conserve el vínculo con las dos culturas, dure lo que dure. No se «supera»: se aprende a habitar. Y ahí es donde muchas personas se atascan, porque intentan resolverla como si fuera un duelo, buscando un cierre que, en este caso, no tiene por qué llegar nunca.

Los estereotipos como barrera invisible

Una de las cosas que más me ha costado explicar siempre es que los estereotipos rara vez tienen que ver con la realidad de la persona que los sufre. Hace veinte años, en aquella misma entrevista, ya lo decía con estas palabras: «Los estereotipos son muy difíciles de explicar sobre todo porque no tienen nada que ver con la realidad». Hablaba entonces de un ejemplo muy concreto: la generalización de que «todos los rumanos son gitanos», como si esa etiqueta explicara algo sobre quién es cada persona. Esa forma de generalizar no ha cambiado tanto como nos gustaría pensar, y sigue apareciendo, con otras palabras, en muchas de las personas con las que trabajo hoy.

Lo que sí ha cambiado es cómo entendemos su efecto psicológico. Cargar con un estereotipo ajeno, aunque uno sepa racionalmente que no le corresponde, genera un desgaste real: hipervigilancia social, necesidad de «demostrar» constantemente que uno no es lo que se espera, y en muchos casos, un silencio protector sobre el propio origen que termina pesando más que el propio prejuicio. También hablaba entonces del desgaste de fondo que hay detrás del estereotipo: «Los rumanos trabajan muchísimo, la vida en Rumanía es mucho más estresante que la de aquí (…) hemos sufrido enormemente por culpa del comunismo». Y añadía un dicho rumano que resume bien esa idea de que ningún colectivo es homogéneo: «no hay bosque sin árboles secos».

Cómo se trabaja esto en terapia

En consulta no trabajamos para que la persona «elija bando» ni para que renuncie a ninguna de las dos identidades. El objetivo es ayudar a integrarlas, de forma que dejen de sentirse como dos mitades en conflicto y pasen a ser dos recursos con los que contar. Esto suele incluir:

  • Poner nombre a lo que se siente, para dejar de vivirlo como una rareza personal y empezar a entenderlo como una experiencia compartida por muchas personas biculturales.
  • Diferenciar qué parte del malestar viene del entorno (los estereotipos, la discriminación sutil) y qué parte viene de un conflicto interno de pertenencia, porque cada una se trabaja de forma distinta.
  • Recuperar el idioma y la cultura de origen como un espacio seguro, no como algo que hay que dejar atrás para «integrarse mejor».

Si te sientes identificado/a

Si llevas años en España y notas que una parte de ti no termina de sentirse en casa en ningún sitio, no es indecisión ni ingratitud hacia el país que te acogió. Es una experiencia muy real y, sobre todo, es una experiencia que se puede acompañar. Ofrezco terapia online en español y en rumano, precisamente porque sé, por experiencia propia y profesional, lo importante que es poder hablar de esto en el idioma en el que de verdad se piensa y se siente.

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